Una potente detonación en el polo industrial de Spegazzini, ubicado al sur de Buenos Aires, desencadenó una emergencia de grandes proporciones que movilizó a decenas de dotaciones de bomberos. El estallido inicial dio paso a un incendio voraz que consumió naves industriales, generando columnas de humo denso que incluso dificultaron de forma parcial la visibilidad en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
La magnitud del siniestro obligó a las autoridades sanitarias a activar el protocolo de «código rojo» en los centros hospitalarios cercanos, tras confirmarse que la cifra de heridos superó las 20 personas. La mayoría de los afectados presentaron cuadros de intoxicación por inhalación de gases tóxicos y lesiones traumáticas provocadas por la rotura de ventanales en áreas residenciales circundantes a la zona del desastre.
El operativo de control se extendió durante horas debido a la alta inflamabilidad de los materiales almacenados, lo que requirió el trabajo ininterrumpido de especialistas en manejo de sustancias químicas. Mientras las cuadrillas trabajaban en la zona cero, la autopista que conecta la capital con el sur del conurbano sufrió cierres preventivos para facilitar el despliegue de maquinaria pesada.
Tras la contención de las llamas, las unidades de peritaje han iniciado las investigaciones técnicas para determinar el origen de la explosión. Pese a la violencia del evento y las millonarias pérdidas materiales, las autoridades confirmaron con alivio que ninguna de las personas ingresadas se encuentra con riesgo vital, aunque se mantiene un monitoreo constante sobre la calidad del aire en los barrios aledaños al complejo siniestrado.

